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Descubrir la emoción del toreo a través de la mano izquierda de Antonio Chenel, Antoñete, marca para siempre. Y sentir como algo propio la ascensión a lo más alto de José Cubero, Yiyo, y ver que un toro le parte el corazón, supone una manera demasiado cruda de abrir los

Son muchas las señales que apuntan la convergencia entre la tauromaquia y el flamenco. Quizá demasiadas. Enumerar los lugares en los que la imaginería de la lidia y el universo simbólico del flamenco han coincidido sería una tarea imposible. Conceptos, tópicos, imágenes, paisajes, gestos y categorías de ambas artes se

El mejor escribano echa un borrón, y el mejor matador fracasa estrepitosamente ante un toro terrorífico, o por lo menos así pasaba antes de que se fabricaran las embestidas dulcificadas de hoy. El poderoso Domingo Ortega, en Madrid en 1934, se reveló falto de recursos delante de Tapabocas; Rodolfo Gaona,